CUCHILLO
Cuando estaba mirando el cielo entre la suave brisa de la noche y el humo del tabaco, tras ese hermoso paisaje se escuchaba el sonido relajante del agua corriendo.
Todo podría ser idílico
menos el cigarro en mi boca que me vuelve rebelde ante las estrellas.
Mi pelo se mueve y la
ceniza se escapa volando entre las ramas del limonero.
Hay muy poca luz y me doy
cuenta de que los colores habían desaparecido.
Todo se volvía en blanco
y negro y el escuchar agua corriendo se convirtió en preocupación.
Decidí entrar a la casa
con el gato que corría por miedo al ruido que producía el viento.
Cerrando la puerta vi
unas campanas colgadas que se movían y sonaban entre las hojas de los árboles.
Escuché la voz de una
mujer que gritaba el nombre de su hijo creyendo que él era quien andaba por ahí
haciendo tanto ruido.
Yo no presté atención y
seguí caminando por un pasillo hasta llegar a una pieza que tenía la ventana
abierta.
Me paré frente al
ventanal y pude ver una sombra que se movía, me acerqué queriendo mirar mejor
entre esa semi oscuridad. A la izquierda vi un portón que nunca se usaba, ahora
se encontraba abierto.
Pensaba que esa mujer
tenía razón, alguien estaba haciendo ruido afuera y no era sólo el viento.
Entre esos pensamientos
aparece un hombre y me mira. Me habla, pero no le entiendo bien, él se da
cuenta y comienza a gritar.
Me dice que busca al
vecino que dejó corriendo el agua y que ya no soporta más ese ruido. Está angustiado
y logro ver que en su mano lleva un cuchillo.
Él también se mira la
mano y me pide disculpas por entrar a la casa.
Yo tengo muchas preguntas
en mi cabeza en esos momentos. ¿Cómo entró tan fácilmente cruzando rejas y
portones altos? No se veía un hombre atlético.
¿Por qué no había ido a
la casa del vecino a reclamar por el ruido del agua?
Él iba respondiendo como
si estuviera leyendo mis pensamientos.
No sabía cómo había cruzado
las rejas y tampoco cómo había abierto el portón sin llaves, decía que sólo lo
había empujado con fuerza y rabia.
Sentía que su mente
estaba distorsionada y que ni siquiera sabía que llevaba un cuchillo en su mano
hasta que yo lo había observado.
De a poco el hombre que
me parecía tan conocido, se fue calmando y bajando los brazos.
Él me miró y me pidió
perdón.
Yo salí de la pieza para
ir nuevamente al patio. El viento había desaparecido, pero ahora todo el color
aparecía.
El sonido del agua ya no
se escuchaba, el hombre no estaba y el portón estaba cerrado. Todo estaba en
silencio.
Observé mí mano y dejé el
cuchillo en la cocina. Estaba cansado y me fui a dormir.
M.ROB 2024
Ahhhhh... conchelalora... Ufff... no me fui a mi trabajo... sigo aquí pegada, sin poder soltar estos relatos
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