ANAIS
Yo era una gata gris atigrada, no tengo claro de dónde vengo, pero un día iba en auto con personas viajando a un lugar desconocido.
Era de noche y hacia
frio, me entraron en brazos y me dejaron en el suelo que estaba alfombrado.
Había un hombre que me miraba y sonreía. Intentó hacerme cariño y yo me
escondí.
Necesitaba oler todo a mi
alrededor, me pusieron una cajita con tierra y me subieron a ella. Yo removí la
tierra con mis patas y pude hacer lo que tanto quería en el viaje.
Ese día me pusieron unas
mantas en el suelo y creo que querían que durmiera, pero no tenía ganas, quería
recorrer esa casa desconocida.
No era tan pequeña, pero
estaba muy delgada y débil para correr y saltar. Después de unos meses el
hombre se había convertido en el que me daba de comer y quien me hablaba
durante todo el día. Ya me sentía mejor y tenía fuerzas en mis patas para
saltar.
Él me mostró un jardín
con árboles y plantas que regaba todos los días. Dormíamos siesta juntos, él
ponía su mano sobre mi lomo y yo cerraba mis ojos sintiéndome tranquila y
segura.
Arreglaba a su manera
todo lo que no funcionaba. Tenía una caja de cartón llena de herramientas
viejas donde yo me metía y él se enojaba, pero después acariciaba mi lomo.
Usaba una escalera y
cuando él no estaba mirándome, yo subía por los peldaños. Un día llegué al
techo de la casa y me paseé mirándolo hacia abajo, estaba angustiado gritando
mi nombre.
Cuando veía televisión yo
subía a sus piernas y me quedaba dormida sintiendo los latidos de su corazón.
Pasaron los años y
teníamos una rutina que comenzó a cambiar cuando él ya no podía moverse. Sus
siestas eran más largas, su mano sobre mi lomo ya no era la misma, había
adelgazado mucho..
Había alguien más que
ahora me daba comida, él ya no tenía fuerzas, pero andaba por ahí con su bastón
caminando muy lento. Intentaba regar el jardín hasta que no pudo levantarse
cuando su cuerpo cayó al suelo.
Después lo acompañaba en
su cama, yo llegaba a su lado y él sonreía como si supiera que caminaba hacia
su pieza.
Un día había mucho
movimiento en la casa. Yo no entendía lo que pasaba todo estaba cambiando. En
las noches él se levantaba sujetándose de los muros y yo lo observaba
escondida.
Cuando todo estaba en
silencio, él tenía una respiración muy fuerte, fui a verlo y lo dejé tranquilo.
Había otro hombre acompañándolo al lado de su cama.
En la madrugada la
persona que me daba comida saltó de su cama y fue a verlo, él ya no respiraba.
Me fui al patio esperando que saliera el sol.
Después empezaron a
llegar muchas personas que lloraban y se abrazaban. Yo no quería entrar a la
casa.
Cuando todo estaba en
silencio me fui caminando despacio hacia su cama, ya no estaba, lo habían
metido en un cajón de madera y yo no entendía nada.
Me puse a gritar sobre su
cama sintiendo que no lo volvería a ver más y así fue.
Lo extrañaba mucho, sus
siestas, su caminar lento, su voz, su olor, sus piernas para revolcarme, para
sentarme, para recostarme y jugar con ellas.
En la casa quedamos tres
y yo comencé a sentirme muy débil, sólo quería tomar agua todo el día y mi
cuerpo se fue quedando quieto.
La persona que me daba
comida me llevo al médico y me pusieron una aguja en mi lomo por horas, yo la
miraba y ella me acariciaba y me daba calor porque yo tenía mucho frio.
Ya nada me ayudaba, me
costaba caminar y pasaba acurrucada en un banco donde me llegaba el sol. Ella
dibujaba a mi lado, me hablaba y acariciaba mi cabeza.
Cuando ya no tenía
fuerzas y mi cuerpo estaba muy delgado, no tomaba agua, no comía, me llevaron
al médico y antes de partir ella me abrazó y lloró. Entonces sentí que pronto
me iría.
Recostada en la consulta
me inyectaron algo, pero yo no quería partir, no quería dejarlas solas, sentía
que debía acompañarlas. En un momento ella se acercó y me habló diciéndome que
estuviera tranquila, que ya era hora de ir donde él. Que no me preocupara que
todo iba a estar bien.
Yo cerré mis ojos escuchando como ella lloraba y me abrazaba. De repente escuché una voz y sentí su olor, era él, quien me esperaba sonriendo.
(M.ROB
2023)
Se me caen las lágrimas y, al mismo tiempo, una dulzura me envuelve... gracias, especialmente, por este cuento.
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