EL NIDO
Nací sobre la rama de un naranjo. Era un árbol pequeño y mis padres habían construido un nido por primera vez.
Ellos me traían comida
desde otros lugares que desconocía.
Nací junto a otros que
gritaban más que yo. Elevaban sus cuellos, abrían sus picos y movían sus alas
de forma que podían recibir más comida de la que yo podía agarrar.
Yo no tenía esa agilidad
para comer. Me costaba piar y mover mis alas.
Así fui aprendiendo que
en el nido quedaba parte de la comida que mis compañeros no tomaban de mis
padres, de esos restos me alimentaba.
Un día que hacía mucho
frío, juntábamos nuestros cuerpos tratando de mantener calor entre nosotros.
Escuchamos a nuestros
padres y todos comenzaron a moverse bruscamente.
Yo fui levantado por mis
compañeros y me di cuenta de que me balanceaba en la orilla del nido.
No tenía fuerza en mis
patas y mis alas estaban paralizadas. Fui cayendo entre hojas y ramas.
Por suerte el árbol era
bajito y pude ir resistiendo los golpes hasta llegar sobre la tierra.
Yo me encontraba fuera
del nido y no sabía cómo volver. Mi cuerpo se mantenía en la posición
acostumbrada.
Se me ocurrió hacer un
sonido para que mis padres y compañeros me pudieran escuchar. Al parecer tenía
que hacerlo más fuerte, pero no podía.
Me asusté mucho cuando
escuché piar a mis compañeros y trinar a mis padres muy fuerte. Tal vez se
habían dado cuenta que yo me había caído del nido. Me ayudarían a subir y
estaríamos juntos nuevamente.
Estaba feliz a pesar del
ruido que ensordecía mis oídos, pero vi salir a un animal de cuatro patas con
bigote y cola desde una pequeña puerta. Todo quedó en silencio. Me observaba
fijamente y se acercaba sin hacer ruido, como si sus patas no tocaran el suelo.
Yo quedé paralizado, el
animal me olfateaba y acercaba una de sus patas rozando mi cuerpo. Sentía que
él quería que yo me moviera, pero no tenía fuerzas ni siquiera para gritar.
Sin poder moverme observé
que salía del mismo lugar un animal con dos patas muy grandes, se acercaba y
hacia sonidos diferentes a nosotros. Mi cuerpo sentía sus pasos en la tierra,
me observaba y emitía sonidos suaves, intentando tocarme y yo seguía paralizado.
Ese animal se comunicaba
con el de bigotes y cola. Ahora los dos me observaban.
Intentó tomarme con sus
ramas que colgaban desde su cabeza, mi corazón comenzó a latir muy fuerte.
Quise gritar y moverme para huir, pero nada resultó.
Sus ramas eran largas y
sentí su calor. Me tomó y al parecer me dirigía sus ruidos a mí, como queriendo
calmarme, pero yo no podía confiar en esas ramas que me cubrían.
Me elevó en el aire y
comenzó a subir en algo que sostenía a ese enorme animal. Reconocí el árbol,
sus hojas y sus frutos. Yo seguía sin moverme, quizás así pensaría que había
muerto y me dejaría ir.
En un momento abrió las
ramas tratando de dejarme sobre el nido y mis compañeros gritaron y saltaron
asustando al animal de dos patas.
Con el susto me tiró
finalmente sobre el nido. Me di cuenta de que tenía miedo también.
Mis compañeros habían
huido gritando. Ellos habían abierto sus alas y saltaban entre las ramas del
árbol.
Después de un tiempo yo
me había quedado dormido y desperté escuchando a mis compañeros, pero ninguno
había regresado al nido.
Yo seguía sin moverme,
pero había decidido abrir mi pico y comenzar a gritar. Pareciera que no era
suficiente para que volvieran.
Observé mis patas y con
gran esfuerzo me puse de pie y comencé a caminar y saltar sobre el nido. Abrí
mi pico y el sonido iba siendo cada hora más fuerte.
Ese mismo día ya pude
saltar entre las ramas y así fui abriendo mis alas.
Me sentía tan solo que
esa noche escuchaba como el animal de cuatro patas y a quien me había devuelto
al nido, corrían y se divertían bajo el árbol.
Amanecía, el sol
calentaba mi cuerpo y mis padres aparecieron gritando, yo hice un gran sonido
descubriendo mi voz.
Fue el primer día que
comía directamente de ellos, y vi como mis padres saltaban hacia un muro y
después hacia otros árboles cercanos.
Yo me puse en la orilla
del nido y asombrando a mis padres y a mí mismo, salté del nido abriendo mis
alas. Asustado en el aire alzaba mis patas para llegar al muro, cuando me
sostuve en esa dura orilla descubrí que todo mi cuerpo había flotado en el aire.
Fuimos saltando y volando
entre ramas hasta llegar a un enorme árbol, donde había muchos igual a
nosotros. Estaba muy arriba y buscaba a mis compañeros de nido, pero no los
encontraba.
Nunca más volví a verlos.
A mis padres tampoco.
Yo ahora viajo de árbol en árbol y a veces veo al animal de dos patas junto al de bigote y cola.
(M.ROB 2022)
Qué quedé prendada del final... "Yo ahora viajo de árbol en árbol y a veces veo al animal de dos patas junto al de bigote y cola."
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