DESCONOCIDA
Viajando por mundos
encontraba el placer de llegar y partir.
Nada era cotidiano y
quizás solo para descansar sus ojos de tantas imágenes se recostaba sobre una
cama enorme que disfrutaba en soledad o acompañada.
Sus piernas eran fuertes,
le gustaba caminar por calles solitarias y desconocidas.
Así es como en esos
mundos se atrevía a recorrer tiempos pasados, presentes y futuros.
En uno de esos viajes
comprando algo caliente para calentar su cuerpo, sentada y disfrutando el
tiempo pasar, veía a las personas a través de grandes ventanales. Observaba los
rostros y se llenaba de emociones reconocidas en un tiempo infinito.
Había aprendido que no
necesitaba abrir o buscar una puerta para salir o entrar de un lugar a otro.
Sólo tenía que tocar el frío vidrio con una mano y deslizar sus dedos haciendo
una pequeña presión. Podía reconocer cuando ya estaba preparada para cruzar sin
mucho esfuerzo esas materias que parecían inertes.
Cruzando el ventanal con
su brebaje en la mano, sentía como su cuerpo se desvanecía por segundos y
volvía a recuperar su forma para seguir caminando.
No tenía prisa, no tenía
que ir entre las horas, sólo reconocía su tiempo y su forma. Un día se podría
convertir en una semana o en un mes.
Sus sentidos se habían
agudizado y todos los sonidos y olores estaban en su memoria.
Seguía a algunas personas,
los rostros tenían historias y las palabras que iban apareciendo se repetían en
cada época recorrida.
Ese día se quedó de pie y
sin moverse comenzó a escuchar un murmullo que no podía reconocer. Trataba de concentrarse
en sus oídos y no alcanzaba a distinguir.
Trataba de reconocer esa
emoción, recordar entre sus caminos, su cerebro no le daba ningún dato. Abrió
sus brazos como una antena receptora de aquel murmullo y giró su cuerpo hacia
donde creía venía ese sonido. Caminó hacia una gran puerta de un edificio muy
antiguo y abandonado.
Estaba dentro de un gran
salón y una luz tenue aparecía y dejaba ver entre sombras a una mujer sentada.
Sentí que alguien me
observaba. Me había sentado para buscar en mi mochila un encendedor y me había
encontrado con muchos papeles viejos, algunos escritos de mi pasado que ya no
tenían sentido en este presente.
Eran tantos papeles que
comencé a romper con mis manos haciendo pequeños pedacitos.
En el momento en que
sentí su mirada mis manos se abrieron y los papeles comenzaron a caer.
Ella escuchaba el sonido
de los trozos golpeando el suelo y sentía que cada letra, palabra o frase
vibraban al caer. Era el sonido de una historia personal, íntima y única que
nunca había escuchado.
La voz de la mujer que me
observaba estaba en mi cabeza, ella me preguntaba ¿Por qué estaba destrozando
mi historia?
Al principio no entendía,
pero vi sus ojos tan intensos que recordé que siempre hacia eso cuando tenía
miedo.
Había destruido muchos
papeles durante años que estaban llenos de palabras que me pertenecían, de mi
vida relatada bien o mal, pero mía.
En ese momento las dos
estábamos mirando los papeles en el suelo. Entonces recogí un pedazo para
sentir el paso del tiempo y el desprecio que había tenido por mi historia.
Levanté mi mirada y esa
mujer había desaparecido.
Se había ido a otro lugar
y ahora caminaba sintiendo que cada trozo de papel en el suelo era su propia
historia.
(M.ROB 2022)
Vuelvo a leer este cuento... y vuelvo a estremecerme
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